Jorge Teillier – Para ángeles y gorriones

Jorge-Teillier

Dale la llave al viejo otoño,
Háblale del río mudo en cuyo fondo
yace la sombra de los puentes de madera
muertos hace muchos años.

No me has contado ninguno de tus secretos.
Pero tu mano es la llave que abre la puerta
del molino en ruinas donde duerme mi vida
entre polvo y más polvo,
y espectros de inviernos,
y los jinetes enlutados del viento
que huyen, tras robar campanas
en las pobres aldeas.
Pero mis días serán nubes
para viajar por la primavera de tu cielo.

Saldremos en silencio,
sin despertar el tiempo.
Te diré que podremos ser felices.

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Canta.
Y en la antigua casa
por las escaleras llenas de tierra y musgo
los días tristes huyen
como murciélagos espantados.

Tu canto crece sin detenerse
ante el muro de las horas.
En la casa de mi amigo
bebo la copa que me da, y pienso en ti.

Canta, muchacha cuyo rostro quieren raptar los ríos,
querida hoja, cuya sombra roba el atardecer
cuando vuelves del colegio.

Canta, y en tus anchos ojos se agranda el paisaje.
La lluvia y el vino nacen de nuevo en mí,
por escucharte.
Por escuchar tu voz que es mía.

Nieve nocturna

¿Es que puede existir algo antes de la nieve?
Antes de esa pureza implacable,
implacable como el mensaje de un mundo
que no amamos, pero al cual pertenecemos
y que se adivina en ese sonido
todavía hermano del silencio.
¿Qué dedos te dejan caer,
pulverizado esqueleto de pétalos?
Ceniza de un cielo antiguo
que hace quedar sólo frente al fuego
escuchando los pasos del amigo que se fue,
eco de palabras que no recordamos,
pero que nos duelen, como si las fuéramos a decir de nuevo.
¿Y puede existir algo después de la nieve?
Algo después
de la última mirada del ciego a la palidez del sol,
algo después
que el niño enfermo olvida mirar la nueva mañana,
o mejor aún, después de haber dormido como un convaleciente
con la cabeza sobre la falda
de aquella a quien alguna vez se ama.
¿Quién eres, nieve nocturna,
fugaz, disuelta primavera que sobrevive en el cerezo?
¿O qué importa quién eres?
Para mirar la nieve en la noche hay que cerrar los ojos,
no recordar nada, no preguntar nada,
desaparecer, deslizarse como ella en el visible silencio.

Jorge Teillier:

jorge-teillier2Nació en Lautaro, el 24 de junio de 1935, día de la muerte de Carlos Gardel y día en que los mapuches celebran el Año Nuevo. Fue un ferviente admirador de Sergei Esenin, Georg Trakl, Rainer María Rillne, René Char y Jean Arthur Rimbaud entre tantos otros autores.
Estudió Historia y Geografía en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, para luego ser Director del Boletín de esa misma Universidad. Sus poemas han sido traducidos al francés, ruso, italiano, inglés, rumano, checo, polaco, alemán y portugués.
En 1990, la University Press of New England publicó la antología bilingüe con su obra poética titulada From The Country of Nevermore; y a lo largo de su existencia obtuvo diversos premios, tales como el Municipal de Poesía Gabriela Mistral y el Premio en Conmemoración del Sesquicentenario de la Bandera Nacional. En 1994 fue declarado Hijo Benemérito de su tierra natal y en los últimos años de su vida lo galardonaron con el
Premio Eduardo Anguita, concedido por Editorial Universitaria al poeta vivo más importante de Chile que no haya recibido el Premio Nacional de Literatura. Por su parte, el Consejo Nacional del Libro y la Lectura lo distinguió, también en 1994, por su libro El Molino y la Higuera. En la actualidad está siendo leído prácticamente en toda Hispanoamérica. Murió el 22 de abril de 1996, en Viña del Mar. Su restos mortales yacen en el Cementerio de La Ligua.

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