Leopoldo Marechal – Adán Buenosayres y otros versos


A priori parece un despropósito presentar aquí, como pequeña muestra de la poesía de Marechal, un párrafo de “Adán Buenosayres”, su novela más famosa. Sobre todo teniendo en cuenta la vasta obra poética del autor, como “Días como flechas (1926)” o “El poema de Robot (1966)”; entre otras. Pero, por razones que explicaré más adelante, he querido dejar asentado aquí, como ejemplo de su poesía esta hermosa frase de la novela “Adán Buenosayres” que dice así:

Adán Buenosayres (Libro Quinto, Parte III)

…”Pero sólo me fue dado rastrearte por las huellas peligrosas de la hermosura; y extravié los caminos y en ellos me demoré; hasta olvidar que sólo eran caminos, y yo sólo un viajero, y tú el fin de mi viaje”…

Esta elección no es caprichosa, sino que tiene raigambre en la forma poética en que Marechal construyó su novela. El propio autor describe así su procedimiento:

Al escribir mi Adán Buenosayres no entendí salirme de la poesía. Desde muy temprano, y basándome en la Poética de Aristóteles, me pareció que todos los géneros literarios eran y deben ser géneros de la poesía, tanto en lo épico, lo dramático y lo lírico. Para mí, la clasificación aristotélica seguía vigente, y si el curso de los siglos había dado fin a ciertas especies literarias, no lo había hecho sin crear sucedáneos de las mismas. Entonces fue cuando me pareció que la novela, género relativamente moderno, no podía ser otra cosa que el sucedáneo legítimo de la antigua epopeya. Con tal intención escribí Adán Buenosayres y lo ajusté a las normas que Aristóteles ha dado al género épico.

Con lo cual, Marechal es el primero en inscribir la frase dentro de su poética.

Y ahora sí, procedo a consignar algunos otros versos que también me gustan de él:

El amor es un robo me dijiste una tarde…

El amor es un robo -me dijiste una tarde-
robamos y nos roban, y así pasa de modo
que en los senderos quedan nuestras mejores galas
resecas como lirios que marchitó el otoño.

Han pasado los años y de nuevo tu imagen
cruzó por mis ideas con la luz de un meteoro,
y mirando en mi abismo y hallando mucha sombra
recuerdo tus palabras: El amor es un robo.

Del amor navegante

Porque no está el Amado en el Amante
Ni el Amante reposa en el Amado,
Tiende Amor su velamen castigado
Y afronta el ceño de la mar tonante.

Llora el Amor en su navío errante
Y a la tormenta libra su cuidado,
Porque son dos: Amante desterrado
Y Amado con perfil de navegante.

Si fuesen uno, Amor, no existiría
Ni llanto ni bajel ni lejanía,
Sino la beatitud de la azucena.

¡Oh amor sin remo, en la Unidad gozosa!
¡Oh círculo apretado de la rosa!
Con el número Dos nace la pena.

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