¡Qué envión!

y un espejismo te dibuja
en la bruma
del espejo
pero te desvanecés
como manos de espuma
bajo el agua
como aquélla vez
que nos ahogamos
en los besos
y bajé mi silencio
a la branquia asfixiada
que latía en tu sexo
detrás de la ducha
y las volutas de incienso

flaca
tu estrechez sin pechos
mirándote la nuca
parece de música
la única
que tuve nunca
la última
que tendré siempre
y el agua
creando un margen nuevo
blusa transparente
apenas perceptible
sobre el vientre

pero terminó la estancia
con adioses y aeropuerto
y estás a mil pesos
de teléfono
inalámbrica y tan lejos
allá donde la nieve
es frío blanco
sobre frío azul
estanco de montaña

¡Adiós avión! ¡Qué alegría!
¡Adiós alegría! ¡Qué envión
me diste cuando llovía!
y hoy parece que no había
que no estaba tu cuerpo
que no existía
doblándose como un alambre
de tan delgado
de tan maleable
¡Adiós avión! ¡Adiós flaca!
¡Qué envión! ¡Qué alegría
me diste cuando llovía!

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