
ME GUSTA EL FUEGO ARDIENTE
Sonetos
Hoy quiero acariciarte y repetirte los versos que te dije en otro tiempo, oyendo en la ventana nuevas lluvias. Abril lo hará más fácil con susurros de gotas y granizo en los cristales que sueñan con los versos que te escribo. Y, clásico y moderno al mismo tiempo —tal vez solo un idiota enamorado—, recuerdo al viejo Góngora y su pluma. Los hombres de los tiempos de Cervantes tenían la grandeza que no alcanzan mis versos, mis sonetos, mis tristezas. Y quiero regalarte este soneto que nunca fue de Lope y que, en tu oído, tampoco igualará al mismo Bocángel. Y no soy don Francisco ni sor Juana, pero arde en este lienzo la belleza que ya imagino presa en el paisaje:
Soneto I
Me gusta el fuego ardiente en que refleja
la voz del verso puro tu hermosura,
tu rostro, tu belleza, la figura
sujeta en la prisión en que se queja.
Me gusta la mirada que despeja
la sombra de la noche más oscura,
llegada la alborada en que se apura
la sombra fugitiva que se aleja.
Te siento capturada, como el viento,
esclava de ese musgo en la corteza
del árbol solitario de la nada.
Te siento fuente clara en la belleza
febril y cristalina del aliento
que busca en tu mirar otra alborada.
Soneto II
No puedes reclamarme lo que es mío,
autor de tu destino y de tu suerte,
si bien por prisionera he de quererte
en bosques de mi viejo señorío.
No sabes donde están y el verso mío
te tiene como el árbol donde, fuerte,
te agarra y te sujeta por hacerte
más suya y arrancarte el albedrío.
Y pides libertad y pides vida,
en musgos y cortezas, y el follaje
se adueña de tu sueño peregrino.
Y digo que eres alma en el paisaje
y el alba que, más clara y encendida,
deslumbra al árbol triste del camino.
Soneto III
Te digo en el paisaje en que, violento,
extraña prisionera en la ventana,
te invento como reina soberana
del árbol en que triste te consiento.
Te digo en cada bosque si te invento,
te digo en la neblina y la mañana,
te digo rosa clara, flor temprana
que vive bajo el cielo ceniciento.
Y vives prisionera del carbayo,
del rayo de la luz de la alborada,
de la mirada triste del amante.
Y siento que querrás, emocionada,
tener la libertad, verso a caballo,
palabra pronunciada en el instante.
SOBRE EL AUTOR:
JOSÉ RAMÓN MUÑIZ ÁLVAREZ nació en Gijón en 1974. Es Licenciado en Filología Hispánica y Especialista en Asturiano por la Universidad de Oviedo. Trabaja como profesor de Secundaria en Castilla y León. Ha publicado en diversas revistas, como Letralia y otras revistas digitales.
2026 © José Ramón Muñiz Álvarez





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