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Recital de poesía – Anna Swir


Hace unos días, como parte de una antología de poemas que vamos a estudiar en el Taller de Poesía II (a esta altura creo que no tengo que contar de nuevo que estudio Artes de la Escritura en la UNA), me llegó el primero de los poemas que recopilo aquí abajo. Fue simplemente leerlo y darme cuenta de la enorme sensación de impotencia de la poeta frente al horror del mundo. Me sorprendió muchísimo la crudeza y frescura de sus versos y de inmediato quise saber más de esta autora para intentar comprender un poco el por qué de esos versos. Es uno de esos poemas que te llevan a querer saber más, a querer leer más. Me pareció que hace foco muy bien en el rol en que la sociedad a veces pone a los poetas. Muchas veces queremos que nos expliquen el mundo, y no nos damos cuenta de que ellos también están tan horrorizados y paralizados como nosotros.

En su biografía están todas las respuestas: Nacida en 1909, en Varsovia, siendo muy joven sufrió todo el horror de la Segunda Guerra Mundial cuando los nazis tomaron Polonia. Participó en la resistencia y también como enfermera en el hospital de esa ciudad. Podríamos afirmar que lo vió todo. Y no es de extrañar que ese horror esté en sus poemas. Me encanta su manera de encontrar belleza, por ejemplo, en las llamas de una ciudad arrasada por las bombas. Ese contraste me deja maravillado y atónito. También puse un poema muy hermoso dedicado al padre, y por supuesto, al final de todo, uno de sus poemas de redención y gratitud para con la vida porque me gusta cerrar arriba. Espero los disfruten.

 

RECITAL DE POESÍA

Estoy hecha un ovillo
como un perro
que tiene frío.

Quién me dirá
por qué nací,
por qué esta monstruosidad
llamada vida.

Suena el teléfono. Tengo que dar
un recital de poesía.

Entro.
Cien personas, cien pares de ojos.
Me miran, esperan.
Y sé muy bien qué.

Se supone que debo decirles
por qué nacieron,
por qué existe
esta monstruosidad llamada vida.

 

UNA CONVERSACIÓN A TRAVÉS DE LA PUERTA

A las cinco de la mañana
le golpeo la puerta.
Le digo a través de la puerta:
en el hospital de la calle Sliska
su hijo, un soldado, está muriendo.

Él entreabre la puerta,
sin quitar la cadena.
Detrás suyo su esposa
tiembla.

Le digo: su hijo le pide a la madre
que venga.
Él dice: la madre no irá.
Detrás suyo la esposa
tiembla.

Le digo: el doctor nos permitió
darle vino.
Él dice: por favor espere.

Me alcanza una botella a través de la puerta,
luego le pone llave,
luego le pone una segunda llave.

Detrás de la puerta su esposa
comienza a gritar como si estuviese de parto.

 

PANTUFLAS BLANCAS DE BODA

A la noche
mi madre abrió un baúl y sacó
sus blancas pantuflas de boda.
Entonces las embadurnó
un buen rato con tinta.

Temprano en la mañana
salió con esas pantuflas
a la calle
para hacer la cola del pan.
Hacía quince bajo cero,
se paró
durante tres horas en la calle.

Estaban entregando
un cuarto de pan de molde por persona.

 

LE TENGO MIEDO AL FUEGO

Por qué tengo tanto miedo
corriendo por la calle
que está ardiendo.

Después de todo, no hay gente aquí
sólo el fuego zumbando hacia el cielo
y ese estampido no es de una bomba,
sólo son tres pisos derrumbándose.

Llamas desnudas liberadas danzan,
agitan sus brazos
a través de los agujeros de las ventanas.
Es pecaminoso
espiar
llamas desnudas,
es pecaminoso escuchar a escondidas
el discurso del fuego liberado.

Me escapo de ese discurso
que resonó sobre la tierra
mucho antes que el discurso humano.

 

LAVO LA CAMISA

Por última vez lavo la camisa
de mi padre que ha muerto.
La camisa huele a sudor. Me acuerdo
de ese sudor desde mi infancia,
tantos años
que lavé sus camisas y su ropa interior.
Las secaba en una estufa de hierro en el taller,
él se las volvía a poner sin planchar.

De todos los cuerpos del mundo,
animales, humanos,
sólo uno exudaba ese sudor.
Lo aspiro
por última vez. Al lavar esta camisa
lo destruyo
para siempre.
Ahora
sólo cuadros lo sobreviven
que huelen a aceites.

 

GRACIAS, DESTINO MÍO

Me llena una gran humildad,
me llena una gran pureza,
hago el amor con mi amado
como si hiciera el amor muriendo
como si hiciera el amor rezando,
las lágrimas corren
por mis brazos y sus brazos.
No sé si esto es dicha
o tristeza, no entiendo
lo que siento, estoy llorando.
Estoy llorando, es humildad
como si estuviera muerta,
gratitud, te agradezco, destino mío,
soy inmerecedora, que hermosa
mi vida.

 

Sobre la autora:

ANNA SWIR (Varsovia, 1909 – Cracovia, 1984), originalmente Anna Swirszcynska, nació en Varsovia en 1909. Creció en el atelier de su padre. En 1939, su ciudad fue tomada por los nazis. Durante los 63 días del Alzamiento del Gueto de Varsovia trabajó como enfermera en un hospital ambulante. Escapó de la ejecución (fueron fusiladas 250 mil personas) y sobrevivió a la guerra. Pero no pudo comenzar a escribir acerca de sus experiencias de la guerra hasta 1974. Murió de cáncer 10 años después.


El poema Recital de poesía fue extraído de Talking to My Body (1996). Traducción de Mirta Rosenberg (Rosario, 7 de octubre de 1951 – Buenos Aires, 28 de junio 2019), que fue una poetisa y traductora argentina, y, además, profesora mía de Poesía Universal I en la UNA.
Los poemas restantes fueron extraídos de las siguientes antologías:
—Aliki and Willis Barnstone. Women Poets from Antiquity to Now. Schocken Books, 1992.
—Czeslaw Milosz. A Book of Luminous Things. An International Anthology of Poetry. A Harvest Book. Harcour Brace & Co., 1996.

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