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La importancia del chocolate en la poesía

Rose Violet Sunset (24X12) - copyright 2012 Michiko Splinter
Rose Violet Sunset (24X12) – copyright 2012 Michiko Splinter

Hay que ir hasta el kiosco
y elegir el chocolate más vistoso
que se pueda encontrar
(la promesa de dulzura
debe estar ya en el papel).
Si creemos que con uno no será suficiente
es mejor llevar dos.
Ser amarrete nunca es conveniente.

Elijo envoltorios violetas porque me recuerdan
un atardecer de verano en que fui feliz.
Pero también me gustan los chocolates importados
si vienen de tierras lejanas donde quiero ir.

El ritual debe invadir los sentidos.
Hay que desgarrar el papel con los dientes,
inspirar el aroma y dejar que ingrese por la nariz
mientras la boca ya presiente el sabor
que se asoma.

Se deben dar tres bocados grandes.
Que los cachetes se inflen de chocolate.
Hay que masticar un poco y parar
esperar que se derrita en la boca
que se mezcle con la saliva
que se recueste contra las papilas gustativas
contra el paladar.

Entonces recién prender la computadora
y ponerse a escribir
con la boca rebosante de chocolate y saliva.
No se debe parar de masticar hasta terminar
el poema.

Antes escribía para sentirme menos triste
y cuando leía lo escrito la tristeza volvía a mí.
Ahora escribo para intentar ser feliz.
Y la felicidad, pobre, me cobra un chocolate cada vez.

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