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Félix Bruzzone – 76

Atravesamos la era de los post: Posthistoria, postdictadura, postmemoria, postautonomía, postverdad, y así podríamos seguir y seguir. En este marco, para Tamara Kamenzsain, aparece también un postyo, que es el yo del texto. Este postyo emerge alegremente y confunde su límite con el mundo, pero no tiene nada nuevo que revelar. Un ejemplo de este postyo es el que habla en los cuentos de 76, de Félix Bruzzone.

La idea de memoria, en este libro, es pacífica, en el sentido de que el narrador no es un hater sino un lover. Prefiere no ir de frente, sino que toma una ruta alternativa, un desvío. Va avanzando por los relatos casi a la deriva, muchas veces siente el impulso de rodear, evadir por un momento ese deseo que lo mueve, que en Otras fotos de mamá, se centra en conocer la historia de cómo murió su madre.

A pesar de ser pacífico, su postyo no es pasivo, sino que busca respuestas pero siempre lo hace con la pretensión de no escandalizar. Y a pesar de que nunca va a fondo, tampoco perdona. Bruzzone es revulsivo, pero no está en la tradición del escándalo, ni tampoco se identifica con esa juventud maravillosa de los años 70’s que prefería convertirse en mártir antes que entregar sus ideales. Para él la literatura no es jugarse la vida, más bien desacraliza la temática del desaparecido. En la obra de Bruzzone lo inofensivo se contrapone con ser confortativo.

Kamenzsain opina que en los textos de Bruzzone hay como una desmemoria activa, o, en todo caso, reactiva. Bucea el pasado y a la vez se genera una indeterminación futura donde no sabemos qué va a pasar, y puede terminar tomando vino con un chino o intentando levantarse a una militante de hijos, como en Sueño con medusas. La amnesia o la desmemoria a la que se refiere Kamenzsain, activa otras historias que están en el mismo nivel narrativo y estético que lo que se cuenta. Hay un claroscuro que no deja ver claramente el pasado. Pero para Kamenzsain, al final de cada historia, aunque no nos haya llevado a ningún lugar, la voluntad reivindicativa queda aplacada.

Bruzzone, con sus relatos, intercala entre las madres y los hijos de desaparecidos, nuevas ramificaciones familiares: instala a las nueras y las sobrinas, desacralizando la familia y quebrando la genealogía de la militancia por los derechos humanos. Rompe así, con la ley implícita, de sangre, que por herencia, permite que sólo los familiares directos de los desaparecidos sean los que tienen autoridad para hablar y reclamar sobre el tema.

Estas son las acciones que hacen revulsivo a Bruzzone. Y las acomete sin caer en el lugar común de las consignas de Hijos, ya que propone modos rupturistas o alternativos de traer el tema de los desaparecidos al presente. Para Kamenzsain, en la obra de Bruzzone hay una superación de la retórica militante, y aparece una retórica de superación que no implica olvido ni perdón.


Bibliografía:
BRUZZONE, Félix, 76. Buenos Aires: Momufuku, 2014.
KAMENSZAIN, Tamara, Una intimidad Inofensiva. Buenos Aires: Eterna Cadencia, 2016.

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