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El itinerario inverosímil de Emma Zunz

Ilustración: Emma Zunz por Alberto Brecia

En Emma Zunz, el cuento de Jorge Luis Borges, el relato inicia con una fecha: “El 14 de enero de 1922, Emma Zunz, al volver de la fábrica de tejidos Tarbuch y Lowenthal, halló en el fondo del zaguán una carta…”. Se trata, si lo recuerdan, de la carta que le anunciaba a Emma la muerte de su padre ocurrida en Brasil.

Según el relato del narrador Emma no pudo dormir esa noche, la pasó llorando y tramando su venganza. Al día siguiente Emma trabajó hasta las seis de la tarde. Luego fue al Club de Mujeres con una amiga y luego de vuelta a su casa. El narrador dice respecto de ese día: “Así, laborioso y trivial, pasó el viernes quince, la víspera”. Si recordamos la temporalidad del cuento, desde el momento en que Emma recibe la carta hasta el día del crimen pasan tres días en total. Según el narrador esos días son el jueves 14, el viernes 15 y el sábado 16 de enero de 1922.

Se me ocurrió controlar esas fechas en el almanaque del año 1922. Fue simple curiosidad. Más que nada porque me pareció llamativo que el narrador insistiera en dar fechas y días precisos. Descubrí que en realidad el 14, 15 y 16 de enero de 1922 caían en sábado, domingo y lunes, respectivamente. Y no jueves, viernes y sábado; como sostiene el narrador del cuento.

Calendario de 1922 (Argentina)

Si bien el almanaque de la ficción podía no coincidir con el real, me parecía imposible que un autor como Borges no se hubiese fijado bien que días caían las fechas mencionadas por el narrador. En eso iba la verosimilitud del cuento respecto del lector, pero también la de la coartada de Emma hacia el interior del relato y la del propio narrador, que estaba en función de esa coartada.

A pesar de que yo estaba convencido de que Borges no era un autor descuidado y que jamás hubiera dejado un detalle sin controlar, se podía entender que lo narrado ocurría en un mundo en el cual el almanaque de 1922 estaba corrido dos días, donde el 14 de enero caía en jueves y no sábado, aunque eso sacara al texto del anaquel de los  policiales y lo pusiera en otro lugar, uno raro. ¿Fantástico, tal vez?

En el cuento la fecha es importante porque Emma Zunz comete su crimen el 16 de enero de 1922, dos días después de recibir la carta, que en el almanaque real es lunes y no sábado como en el cuento. El horario de trabajo del lunes difiere del sábado porque se trabaja nada más que hasta el mediodía. Según nos cuenta el narrador: “Emma trabajó hasta las doce y fijó con Elsa y con Perla Kronfuss los pormenores del paseo del domingo”. Si usáramos el calendario real para dilucidar el itinerario de Emma, el 16 de enero de 1922 sería lunes, por lo que Emma debería trabajar hasta las dieciocho horas y no podría ir por la tarde al puerto para encontrarse con el marinero.

Más adelante, sobre la verosimilitud del relato, el propio narrador dice: “¿Cómo hacer verosímil una acción en la que casi no creyó quien la ejecutaba, cómo recuperar ese breve caos que hoy la memoria de Emma Zunz repudia y confunde?”. Es decir que el narrador casi que le atribuye la confusión al personaje de Emma. Aunque más adelante declara: “… nos consta que esa tarde fue al puerto.”. ¿Quizá el narrador está confundido porque el personaje está confundido?

Unos párrafos más adelante cuando narra el encuentro de Emma con el marinero del Nordstjärnan, el narrador se pregunta: “¿En aquel tiempo fuera del tiempo, en aquel desorden perplejo de sensaciones inconexas y atroces, pensó Emma Zunz una sola vez en el muerto que motivaba el sacrificio?”. En esa pregunta parece descansar la justificación del narrador con respecto a la confusión de los días. ¿No es acaso un almanaque corrido dos días un tiempo fuera del tiempo?

Borges usa un narrador confundido porque el crimen cometido es repudiado y confundido por la mente de su protagonista. Y el inverosímil e imposible almanaque que Borges le entrega al narrador hace que éste trame para Emma un itinerario que está al margen del tiempo pero que finalmente le da la cuartada perfecta.

 

J.S.B

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