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Nadie, ni siquiera la lluvia tiene manos tan pequeñas

CANCIÓN

Viene de la canción de Verlaine
la lluvia
y nadie,
ni incluso el sol,
tiene pies tan hermosos.
En la boca
el verano, en la colina
el navío.
El aire,
en cada calle el aire,
danza conmigo.

Eugénio de Andrade

Estaba leyendo el poema anterior, de Eugénio de Andrade, y me llamó la atención la intertextualidad o similitud de los versos: “…y nadie, / ni incluso el sol, / tiene pies tan hermosos.”, con el famoso verso final del poema de E.E. Cummnings que sigue más abajo y que dice: “Nadie, ni siquiera la lluvia tiene manos tan pequeñas.”

Pasando completamente a otro tema, los versos del poema de Cummings (ahora que lo pienso) me recuerdan a la llegada de mi pequeña hija, la fuerza con la que trabaja sobre mí su mirada –ya que aún no habla (tiene apenas cuatro meses)–, cómo su fuerza puede ser tal que abre y cierra todo mi mundo a su antojo; y porque explica todo eso, ese poema cobra un significado diferente para mí en estos días. Para los que no lo conocen, aquí lo pongo completo:

Nadie, ni siquiera la lluvia.

En algún lugar al que nunca he viajado,
felizmente más allá de toda experiencia,
tus ojos tienen su silencio:
En tu gesto más frágil hay cosas que me encierran
o que no puedo tocar porque están demasiado cerca.

Con una ligera mirada me liberas.
Aunque me haya cerrado como un puño,
siempre abres, pétalo a pétalo, mi ser,
como la primavera abre con misteriosa destreza su primera rosa.

O si deseas cerrarme, yo y
mi vida nos cerraremos muy hermosa y súbitamente,
como cuando el corazón de esta flor imagina
la nieve cayendo cuidadosamente por doquier.

Nada que hayamos de percibir en este mundo iguala
la fuerza de tu intensa fragilidad, cuya textura
me somete con el color de sus campos,
retornando a la muerte y la eternidad con cada respiro.

(Ignoro tu destreza para cerrar y abrir,
solo algo en mí entiende
que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas)
Nadie, ni siquiera la lluvia tiene manos tan pequeñas.

Nobody, Not Even the Rain

Somewhere i have never travelled, gladly beyond
any experience,your eyes have their silence:
in your most frail gesture are things which enclose me,
or which i cannot touch because they are too near

your slightest look easily will unclose me
though i have closed myself as fingers,
you open always petal by petal myself as Spring opens
(touching skilfully, mysteriously) her first rose

or if your wish be to close me, I and
my life will shut very beautifully, suddenly,
as when the heart of this flower imagines
the snow carefully everywhere descending;

nothing which we are to perceive in this world equals
the power of your intense fragility: whose texture
compels me with the colour of its countries,
rendering death and forever with each breathing

(i do not know what it is about you that closes
and opens;only something in me understands
the voice of your eyes is deeper than all roses)
nobody, not even the rain, has such small hands.

E.E. Cummings.

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