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A la vera de la ruta

Una yegua y un potrillo
frotándose los cogotes
detrás del alambrado
con el sol rechinando rayos
hasta el horizonte.

Detuve el auto y bajé
a observar la ceremonia
extasiado.

Ella enteramente blanca
y él un zaino bajo
que la perseguía
y danzaba graciosamente
alrededor.

Ella lo buscaba
levantando el pasto
con las pezuñas
jugando escapaba volando
alto
atravesando el campo.

Él la corría hasta alcanzarla
para frotarse en su cuello
otra vez
Ella se dejaba alcanzar
(simulaba comer flores).

Juntos bailaban un minué
de caricias y carreras
que nunca terminaba.

No pude ver más
nunca más los vi
pues del auto me apuraron
los que iban conmigo.

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