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Qué vagas manos de plata… – Juan L. Ortiz

Qué vagas manos de plata…

¿Qué vagas manos de plata en este febrero ya sensible,
desde las largas nubes tenues de este celeste aún indeciso
hacia el tibio mediodía, sobre la colina redonda
toda de “camambú” y ligera sobre las demás,
nos hacen señas, oh alma, de repente?

¿Espíritu misterioso del aire, o de qué tierno pensamiento?
que aparece así en increíbles momentos
olvidados o pálidos: qué solos, qué solos tus signos
cuando ni siquiera hay pájaros o hierbas o aguas…

¿Se quedarán entonces en tu cielo hechos cintas de gasas,
extáticas o ajadas por un soplo invisible, melancólicas,
o correrán inquietos, escalofríos de luces casi íntimas,
hacia otras almas aladas o dormidas o de pura mirada?

Vagas manos de plata también encontraréis nosotras, mañana,
las manos que esperáis entre todas para la amistad delicada:
muchas manos, muchas manos libres sobre el filo etéreo del otoño,
atentas a vuestro sutilísimo llamado entre la dicha del maíz
o en el linde del bosquecillo para el reposo o del arroyo,
en esa brisa que tiene de vuestro modo y que unirá aún más las frentes…

 
 

Sobre el autor:

Juan Laurentino Ortiz (11 de junio de 1896 – 2 de setiembre de 1978), Poeta argentino, conocido como Juanele. Se le considera una de las figuras fundamentales de su país, en el mismo plano singular y secreto en el que se ubica la influencia de Macedonio Fernández u O. Girondo. Vivió su infancia en el medio rural de la Mesopotamia argentina y residió de joven en Buenos Aires, donde se vinculó a los ambientes políticos e intelectuales del anarquismo. Vuelto a su provincia natal de Entre Ríos, trabajó como empleado público y llevó una vida retirada que no le impidió ejercer una notable influencia estilística sobre las jóvenes generaciones. Se inició bajo la influencia de la poesía intimista posterior al modernismo para después evolucionar hacia acentos más personales, entre los que destaca un sentimiento cósmico del paisaje y un humanitarismo solidario. Apartado de los círculos literarios, su obra tuvo escasa difusión y se publicó de manera dispersa en varios poemarios: El agua y la noche, El alba sube, El ángel inclinado, La rama hacia el Este, El álamo y el viento, El aire conmovido, La mano infinita y La brisa profunda, que en 1971 se reunieron en tres volúmenes bajo el título En el aura del sauce. En 1969 compartió con R. González Tuñón el Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía. Completan su obra El Gualeguay y La orilla que se abisma, ambos de 1971. En 1996 la Universidad Nacional del Litoral editó su Obra completa, a la que agregó poemas, ensayos y artículos inéditos. Su poesía fue influida por la estética de S. Mallarmé en el sentido espacial del verso.


Extractado de Juan L. Ortiz, Obra Completa. Santa Fe: Universidad Nacional del Litoral, 2005, p. 391.

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