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Sapo de otro pozo y otros poemas – Sergio Gabriel Lizárraga

Sergio es un poeta de Tafí Viejo. Es un pueblito rodeado por cerros bajos y muy verdes a unos veinte kilómetros de San Miguel de Tucumán. Dicen en el pueblo que toda esa zona es la mayor productora de limones de la República Argentina. Yo lo he visto sólo por fotos (es precioso por cierto) y les creo a sus habitantes cuando orgullosamente sostienen que sus limones son los mejores. Desde ese lugar, de la tierra de los limones, entonces, nos llega un mail de Sergio con poemas. Como dice un viejo refrán popular: «Si la vida te da limones no te queda otra que hacer limonada». Y estos poemas son un poco así, tienen en el fondo el gusto agrio y un poco ácido de los limones mezclado con el azúcar redentor y el hielo refrescante de la limonada. Son cuatro poemas del libro Poemas de Lodebar, que publicó Alción Editora en 2014. El nombre Lo-Debar se encuentra ya en el Viejo Testamento. Hace referencia a una zona de tierra muy árida al este del Jordán donde no crecía casi nada; donde nadie —salvo los perseguidos, los atormentados, los que lo habían perdido todo— quería vivir, un lugar donde ni siquiera llegaba la palabra de dios. Por eso Lo-Debar significa: «no palabra». Representa un desierto, un limbo, un lugar al que nunca hemos ido pero del que nunca podemos terminar de salir. De lo más recóndito de ese «no lugar» provienen los poemas que siguen:

 
 

SAPO DE OTRO POZO

A veces tus ojos
tienen el color de mi rostro,
y el cielo se regala
para bostezar en tus párpados.
A veces tus ojos
tienen el color de mi rostro,
y entonces llueve,
y nace el pan,
y se escuchan cantos,
y desde tus ojos veo charcos
atrapando el mundo.
A veces tus ojos
tienen el color de mi rostro,
y es cuando ya no temo
ser este sapo
de otro pozo.

 
 

CIRCO

Me pinté en una risa,
me borré en una lágrima,
me caí fracturando en el cuerpo
toda señal de mi nombre,
de mi rostro,
de mi historia.
Fui payaso
embebido en barro,
y me arrastré probando formas.
Le asigné colores
a cada burla.
Saqué leones de mi boca
con la voz ya masticada.
Diseñé crucigramas con mis huesos.
Te cociné mi carne.
Y fui payaso.
Tu payaso
albergando la inmensidad
de un circo
en el hueco
al que quedé reducido
porque en ningún momento
me viste.
No me llegó tu aplauso.

 
 

LA TRISTEZA DE TODOS LOS DÍAS

Sospecho que hoy
no tendré tiempo para tus misterios.
Que nada explicará
por qué esta foto
a vos te moja,
y el mejor de los recuerdos
abandona tu corazón
olvidando el paraguas.
Por qué esta canción
a vos te dice
que hay una historia
ya sanada.
Por qué sus acordes
se pronuncian
con las letras
que prefiere tu memoria.
Y por qué a mí
la misma foto
me arde,
seca mis gotas,
y agrieta los colores del recuerdo
con la esterilidad del negro.
Y por qué
la misma canción
merodea a mis espaldas
recitando pentagramas
con las notas más conocidas
por mi tristeza
de todos los días.

 
 

CAMINO DE MIGAJAS

Puedo interesarme
por la vida en otros mundos,
por el mundo en cada verso,
por el ave
que sin permiso
entra y sale de mi nube,
por tu palabra
que se embellece en sus distancias
que se engrandece
cuanto más
lejos me quedo.
Puedo rezar el rosario
y visitar a la vez a mis muertos.
Pero
no soporto
no lo tolero
me saca de quicio
aún me altera
que no permanezcan las migajas
que arrojo
cuando salgo a explorar en los días.
Y pienso que al menos
puedo retornar al origen
con la ayuda de esas migajas,
aunque sea sin vos
como una hormiga vencida.

 
 

Sobre el autor:

Sergio Gabriel Lizárraga vive en Tafí Viejo, Tucumán, Argentina. Es profesor en Letras con estudios de posgrado en Ciencias Sociales, formador de formadores, gestor cultural en su comunidad. Obtuvo numerosas distinciones literarias y becas de estudio como por ejemplo, la Pluma de Plata de la SADE Córdoba (2008) y la beca Fulbrigth -Nación (2016). Publicó los libros de poesía Poemas de Lodebar (Alción, 2014) y En tajos a la sed (Del Dock, 2017).


LIZARRAGA, Sergio Gabriel, Poemas de Lodebar. Buenos Aires: Alción, 2014.

 

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