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Del parto – Sasha Wade

Ilustración: Madonna del Parto por Piero della Francesca

«En marzo de 2024 viajé a Italia con un grupo de escritores y artistas para recorrer las pinturas de Piero della Francesca a lo largo del “Sendero de Piero”. Una tarde brumosa visitamos el fresco Madonna del Parto (Nuestra Señora del Parto), de Piero, que se encuentra en el Museo della Madonna del Parto. El museo se alza en lo alto de una colina en el pequeño pueblo de Monterchi, lugar de nacimiento de la madre de Piero. Única en la historia del arte, la pintura representa a la Virgen embarazada como una joven común y corriente y, al mismo tiempo, como un enigma religioso. Criada en el catolicismo, me conmovió profundamente la asombrosa complejidad de emociones presentes en el rostro de la Madonna, en su postura, en sus ojos.»

— Sasha Wade

 

DEL PARTO

Traducción: J.S.B.

No sé qué me trajo aquí
a Monterchi, pueblo encaramado sobre bultos montañosos
parecidos a vientres de ovejas bien alimentadas.
Ni por qué, cuando entré
a contemplar el fresco de Piero, la Madonna del Parto,
me sentí una intrusa
caminando hacia una chica —enredada en su adolescencia—
que desabrocha botones de su ropaje lapislázuli desteñido.
Flanqueada por dos ángeles varones, está henchida
de criatura, fija en su tienda de piel gris claro,
cortinas del color de la sangre seca.
Sus ovalados ojos, hacia abajo, dirigen mi mirada
a su mano derecha, suspendida sobre una hendidura
de tela blanca que va del esternón
al ombligo. Sus dedos son delicados pero nudosos,
quizás de tanto enroscar y desenroscar su cabello
muy tarde a la noche. ¿Ella cree que nadie
notará los dedos torcidos de la mano izquierda
curvados sobre la cadera, como intentando ocultar
la necesidad insaciable de las uñas por hurgar y rascar?
Sus manos me traen a la joven de diecinueve años de labios fruncidos
que fui una vez: con mis holgados shorts de jean cortado,
la blusa de campesina color crema, los dedos repicando
incontrolables sobre invisibles teclas de piano
a lo largo de los muslos. De camino a casa
me aterraba que mi madre —que me sabía demasiado joven
para ser madre— notara el resplandor de mi piel,
mi media sonrisa fingida. Ahora, cincuenta años después, frente
a la Madonna, me pregunto cómo logró Piero
acallar casi todo el miedo de su rostro
con matices de perla. Luce serena
pero distraída —como cuando algo
ha ocurrido sin siquiera haberse anunciado.
Como el retumbar bajo y tenue de un himno
que persiste mucho después de que el ángel se ha ido.
Como un poder no pedido y recién hallado, que será suyo
para siempre, una vez que ella sea drenada por completo.

 

DEL PARTO

Sasha Wade

I don’t know what carried me here
to Monterchi, perched above mountain bulges
shaped like the side-bellies of well-fed sheep.
Or why, when taken in
to view Piero’s fresco of the Madonna del Parto,
I feel like an intruder
walking in on a girl—tangled in teenhood—
loosening the buttons of her faded lapis robe.
Flanked by two boy-angels, she is heavy
with child, anchored in a tent of light-grey fur,
drapes the color of dried blood.
Her oval eyes, downcast, direct my gaze
to her right hand, hanging above a slit
of white cloth that covers from breast-bone
to navel. Her fingers are soft but gnarled,
perhaps from twisting and untwisting her hair
late at night. Does she believe no one
will notice the crooked fingers of her left hand
curled into hip, as if trying to hide
the fingernails’ insatiable need to fidget, pick?
Her hands pull me back to the pouty nineteen year-old
I once was: dressed in baggy denim cut-offs,
cream-colored peasant blouse, my fingers tapped
uncontrollably on invisible piano keys
lining my outer thighs. Walking home
I was petrified my mother—who knew I was too young
to be a mother—would notice my skin-glow,
feigned half-smile. Now, fifty years later, facing
the Madonna, I wonder how Piero knew
to mute most of the fear on her face
with shades of pearl. She looks serene
yet distracted—like when something
has already happened without announcing itself.
Like the low, faint hum of a hymn
that stays long after an angel leaves. Like the newfound
power she did not choose, but one that will be
hers forever after she is drained dry.

 

SOBRE LA AUTORA:

SASHA WADE es una poeta cuyo trabajo ha aparecido en Chestnut Review, The Baltimore Review y Rust & Moth. Fue la ganadora de la edición de primavera del Palette Poetry’s 2025 Micro Chapbook Prize. Wade obtuvo su Maestría en Bellas Artes (MFA) en el Bennington College. Vive entre Long Island, Nueva York, y la ciudad de Nueva York.

 


Copyright © 2025 Sasha Wade. Foto: cortesía de Sasha Wade.

 

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