
Foto: New Café Madrid
ALGO SOBRE EL AMOR
Como amar a un pequeño pájaro,
el tímido conocedor de la puerta,
o a un hombre adelantando las horas,
ver brotar,
sencillamente las flores,
de dos a dos,
cruzando sus hojas,
casi confundirlas con vestidos blancos,
sábanas limpias a un sol abrasador.
La mano de una niña sostiene la cuerda,
todavía no sabemos si está viva o morirá.
Como amar un desfile de pijamas solitarios,
un dormitorio narrador,
un hombre de fiebre
arrastrando siempre la carretilla de los años,
piedras pesadas,
—¿No es acaso domesticar?
Así el amor,
como el insecto devorado por el mismo pájaro que picoteó nuestros insectos,
abre,
sin preaviso,
no sé de qué nube,
y zarandea,
provocando la estampida
de nuestros pequeños mamíferos.
Así el amor,
casi gracioso,
nos rodea
y contamos fechas,
somos sentimentales,
esquivamos los cuchillos que vuelan silenciosos,
y comemos aún las ensaladas de verano con sus moscas.
Como amar el último sueño
o precipitarse al agua,
así el amor,
la misma gravedad en la pupila.
PERO YA NADA AHORA
Pero ya nada ahora,
ya nada ahora,
una mosca cubriendo los pies
camina lenta
dentro del verano sofocante,
atiende a este sudor humano,
recién lavado,
recién lavado,
de agua oceánica.
Pero ya nada ahora,
ni siquiera moscas saben del secreto.
El vacío es tan grande que se traga el agua,
y el planeta sigue cojeando cada día.
Pero ya nada ahora,
el verano volcánico,
otra mosca ya en la piedra,
la ensalada preparada para el conflicto,
alimentación,
pasos sofocantes,
ya nada ahora,
sino vivir a pesar de todo.
CÁMARA LENTA
Y así comprendí,
tu camisa de cuadros vieja estaba
desafiando el sistema.
No tenías documentación,
no tenías hogar,
ni dinero,
solo un par de papeles
y lápices.
La camisa
se ensuciaba, se lavaba, se ensuciaba, se lavaba,
dormía bajo el jersey marrón lleno de bolas.
Caminábamos.
No encontrábamos un café para pagar en efectivo.
Un café a menos de tres euros por el centro.
El jazz del Central se extendía por el barrio,
era algo gratuito que invadía las cabezas.
También hablar, pintar y besarse
parecía gratis
—todavía—
Entonces caímos en un sueño.
Todo era libertad de nuevo, sin pertenencia.
Alguien olió la lavanda,
vertió agua en la fuente.
acudían pájaros de primavera.
Viejos tirando migas de pan a las palomas.
Encontrábamos libros sin dueño
—solo algunos merecían la pena—.
La ciudad parecía estar cómoda consigo misma solo al atardecer y al amanecer.
Las horas sofocantes no entendían de lentitud y solo queríamos ir
a cámara lenta, a cámara lenta,
con lo salvaje, sin ataduras.
Nos pedían papeles, para todo.
Obligatoriedad sin tener nada.
Llegaban notificaciones con letra negrita,
fechas y citaciones.
No se podía vivir así,
como animales.
SOBRE LA AUTORA:
ANDREA BERNAL, nació en Madrid en 1985. Es profesora de filosofía y poeta. Ha publicado varios libros de poemas, entre los que se destacan: Los pájaros (Editorial Eolas, 2013) que fue presentado por la poeta Raquel Lanseros, Julio Llamazares y Antonio Colinas en Madrid y Salamanca, Adiós a la noche (Editorial Isla de Siltolá, 2016), y Todo lo contrario a la belleza (Editorial Isla de Siltolá, 2019). Recientemente ha publicado Nominalismos, con editorial Eolas de León, y Ondina, en la editorial Huerga y Fierro. Poemas suyos, en inglés, salieron en la revista Adelaide de Nueva York. Ganó un concurso de poesía en esa misma revista en 2019. También ha sido publicada en distintas revistas de poesía de España, como Estación de Poesía y el Congreso de Poesía Iberoamericana Fray Luis de León. Actualmente vive en Madrid, donde escribe crónicas para periódicos de Lanzarote y la Palma, y ejerce su labor docente.





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